Categoría: Gajitos de mí
17 Octubre 2009
Fascina, hiela, rasga, aterra, eleva, abre, calma. El corazón sabe con exactitud lo que debe hacer. A pesar de las cosas que pueden paralizarnos, el corazón sabe lo que quiere encontrar. Es más, diría que hasta sabe que va a encontrarlo cuando ya rozamos perder absolutamente la esperanza. El corazón es la brújula más precisa del mundo.

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21 Septiembre 2009
Otra vez se mueve todo. Volver a empezar. De nuevo sentirse como un pez en un desierto. Sin embargo, me acaricia una tenue luz de esperanza.
A veces hay que bajarse del árbol aunque hayamos trepado un buen trozo si es demasiado alto para alcanzar su copa. Podemos intentarlo con un árbol más pequeño. Eso no significa que sus frutos sean menos jugosos.
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11 Agosto 2009
La risa te golpea la cara como una gran hostia. Y parece que te quedas ahí. Pero no. Te tambaleas ridículamente y haces aspavientos intentando mantener el equilibrio.
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20 Junio 2009
12 Mayo 2009
Me pareció que lo conocía desde siempre. Hablaba con él como con alguien estrechamente ligado a mí, sin saber hallar el porqué de esa sensación, aquella magia totalmente desconocida. Algo estaba sucediendo en un instante, una explosión, y él estaba experimentando lo mismo. Y sí, la Tierra seguía girando y el tiempo continuaba transcurriendo, pero ya no era el mismo Universo. Acabábamos de atravesar un nuevo espacio. En el infinito tablero de los dioses, los dados decidían, al fin, el reencuentro de dos almas...

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14 Abril 2009
Con la sensación de que podría arrasar mi vida un huracán y me importaría un jodido carajo. Con un inmenso vacío en el pecho, como un maniquí sin extremidades ni cabeza. Llevo tiempo a la deriva. No escribo. Ya no lucho contra los elementos, estoy perdida. No sé qué hago ni quién soy. Y, de repente, creo que he perdido 26 años de existencia. Me desperté un día consciente del laberinto. He caminado tantas veces a lo largo y ancho de los mismos pasillos... Y ahora lo veo con punzante claridad: siempre han sido, exactamente, los mismos pasillos. Poco a poco me convierto en estatua de sal, me paralizo. Me levanto por las mañanas con la sensación de fracaso arrastrando mi piel, como la arrastraría para sí el lodo seco. Me miro en el espejo y sólo veo una desoladora costra de decepción y ruina. Esquivo al ser humano, finjo que vivo. Y no, no es lo que hago: lo que hago es sobrevivir dentro de mi jaula.
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2 Abril 2009
Son casi las dos de la madrugada. Y no duermo. Aquí estoy, recibiendo radiación luminosa de la pantalla, la gran fuente de mis desvelos. Todo me da vueltas en un círculo infinito. Él y las cosas. Las cosas y él. En un lado él y en el otro lado las cosas. En realidad, sólo es más de lo de siempre. La dosis diaria de paja mental es mi alimento. Y todo volverá a su cauce pronto.
Pero yo continuaré insomne, como una criatura nocturna. Fijaré los grandes ojos en el techo y miraré la noche, tocaré la oscuridad con ellos, nadaré en las aguas abisales como un pez monstruoso que porta la luz. Seguiré arrancando estrellas, una a una, y las arrojaré a la hoguera. Y después me sumergiré en el abismo, de nuevo, con una luciérnaga en la cabeza, con mi color pálido de muerte. Me quedaré ahí, esperando a la nada con ansia.

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16 Marzo 2009
Me da miedo. Creo que no es para mí. Escruto cada rincón de su rostro mientras habla: el movimiento de sus labios, sus dientes que asoman entre las palabras, su nariz directa como una flecha, sus ojos tan brillantes, sus cejas pobladísimas, su cabello corto, su piel morena, la sombra de la barba, las arruguitas en las comisuras de los ojos, su voz melódica y masculina... Y sé que está pensando qué clase de mujer soy yo. Y yo estoy temblando como una hoja, pero finjo seguridad, una seguirdad de la que siempre he carecido. Prácticamente no me entero de lo que dice mientras lo observo. Estoy demasiado concentrada en captar cada rasgo, cada gesto, cada sonrisa... Se ríe como yo, de todo y fuerte, abriendo mucho la boca y cerrando los ojos, por eso tiene esas patitas de gallo tan graciosas. También mueve mucho las manos cuando habla, unas manos grandes y fuertes, con venas que surcan el dorso dibujando árboles, como las de los atletas. Así que creo que no, creo que no es para mí. El aire me trae sus feromonas de macho dominante que se exhibe a la hembra, pero las mías, típicamente inseguras, no saben si responder o no. Para mí siempre ha sido difícil decidir.
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